viernes, 31 de octubre de 2008

La Ley del Hielo: ¿arma eficaz, o débil defenza?

De esa forma inicio un nuevo post, con un debate acerca de la Ley del Hielo, también conocida como "ignorar o actuar como si no existiera una persona que te ha echo daño".

¿Ustedes la aplican? ¿La han recibido? ¿Qué sienten al hacerla o recibirla? ¿Han solucionado algo con ello? ¿Han vuelto a entablar una amistad con esa persona?

Todas estas dudas están rondando por mi mente en esta semana, y es porque, efectivamente, estoy teniendo una batalla de hielo con un compañero de trabajo... O mejor dicho, con alguien que en algún momento llegué a considerar más que un compañero de trabajo.

La historia completa iba a ser mi material para *SPOILER* mi 2da crónica *FIN SPOILER*, pero en este momento ya estoy más que convencido que no habrá nada entre él y yo.

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Paréntesis:
La historia que les relaté la semana pasada fué algo que ocurrió y nació ese fin de semana, al momento y casi sin querer. Yo no esperaba que pasara eso con mi amigo ya que ya tenía a esta otra persona en mi mente.
Fin del paréntesis.
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La cosa es que él es un chico que me gustaba pero yo estaba con mi novia en ese momento, cuando corté con ella por diversos motivos, me llegué a imaginar que él entraría en mi vida ya que él seguía interesado tanto como yo. Pero por diversos motivos, tanto personales (de él y míos) como de trabajo (conflictos de departamentos) no teníamos tiempo para vernos. Eso hizo que nuestra relación empezara a flaquear incluso antes de que hubiéramos tenido algo oficial.

Él se fue de viaje la semana pasada y regresó este lunes. Yo llegué a la oficina y me distraje un poco leyendo un documento, justo cuando él entra en nuestra oficina y se pone a hablar con mi compañera. Por supuesto que nadie sabe nada de mí allá, y la relación entre él y yo siempre fue profesional en el trabajo, pero en los pocos momentos de privacidad que encontrábamos lo aprovechábamos para saludarnos bien con una sonrisa en la cara (esa misma que te indica que hay algo más). Bueno, como yo estaba molesto porque él se perdió toda la semana y ni me pasó un solo mensajito, yo no iba a ser el inciador de la conversa. Sin embargo me voltié para verlo a los ojos, pero él salió de la oficina como alma que se lleva el diablo.

A los pocos minutos me mandó un mensaje: "Pensé que en lo nuestro había quedado una amistad, un respeto, pero ahora veo que no es así. Lo has perdido todo conmigo." (las palabras no eran exactas, borré el mensaje y no me acuerdo ahorita, pero era algo así mas o menos). Yo le dije con toda mi autoridad al respecto: "Perdona, pero si crees que yo te perdí, déjame decirte que TÚ ya me habías perdido antes con tu ausencia", y que yo no iba a jalarle para tener al menos su amistad.

Desde ese día ni él ni yo nos hablamos, cuando nos vemos en la oficina ni nos miramos a la cara, nuestros orgullos han sido tocados y ninguno ha demostrado que va a dar su brazo a torcer. Nadie ha notado el cambio en la oficina ya que no teníamos ese trato amistoso allá. Pero internamente me pregunto si él me echará de menos, o si pensará en mí. Yo día a día me he echo la idea de que nada volverá a ser igual, de que o él o yo nos iremos de la compañía en algún momento y que jamás volveremos a entrar en contacto otra vez.

He aquí una clara demostración de lo que es la Ley del Hielo. Se siente horrible recibirla, pero es un poco satisfactoria hacerla y saber que la otra persona nota el rechazo. ¿Rencoroso? Un poco. Pero cuando uno siente que tiene la razón, todo parece estar bien a tu alrededor...


Persigo una utopía pero esta se me aleja cada vez que me acerco, entonces ¿para que sirve una utopía? pues para eso, para caminar...
Anónimo

domingo, 26 de octubre de 2008

Hay que tener valor...

Hola, hace tiempo que no actualizo, pero por varias razones. La más importante es que tenía que esperar para bajarme los humos a mí mismo. Sí, estaba aspirando muy a lo alto pero caí estrepitosamente y me hizo daño la caída. ¿De qué estoy hablando? Pues de ustedes, mis lectores (si es que queda alguno).

Básicamente inicié este blog sólo para desahogarme, para poder contar mis historias que había escrito en algún diario y que no me atrevía a revelar a nadie. Pero el poder de los comentarios recibidos me absorvió y llegué a creer que mis historias eran agradables e interesantes para mucha gente -y posiblemente algunas sí llegaron a gustar-, pero llegó un momento en que no quise actualizar hasta obtener al menos tres comentarios en mis posts. Graso error.

Ahora he decidido volver a ser humilde, a utilizar mi blog para volverme a desahogar sin importar quien esté al otro lado de la pantalla, sin importar quién me lea y quién no. Tan sólo escribiré por mí y para mí, como originalmente empecé. Trataré de, semanalmente, contar las cosas que no puedo relatar en mi otro blog, el que tengo totalmente separado de este y que quizá en algún momento lo fusione con este... cuando esté preparado.

Mientras tanto, escribiré de lo que pasó la semana pasada, ya que había que tener valor para hacer lo que hice. Un amigo mío (que hasta entonces sólo había sido un amigo para mí, un compañero del grupo con el que nos la pasamos) y yo nos pusimos a hablar y a comentar de nuestras vidas personales. Él también es bi como yo, y no me extrañó oírlo hablar de su separación con su ex, ya que era algo que se veía a leguas, y cuando yo le conté referente a una conquista que tengo pero que no creo que llegue a nada, él se sinceró conmigo diciéndome que nuestras vidas se parecían mucho. En un momento de la conversación, yo le dije que no importara que él estuviera soltero, que se conseguiría a alguien en un abrir y cerrar de ojos, ya que él es un chico en el que muchos del grupo se han enamorado y les han gustado.

Aproveché un momento de silencio para decirle que en algún momento él también me llegó a gustar, y él algo sorprendido me dijo "En serio? Tú también me llegastes a gustar". Yo en mi mente lamenté muchas cosas, lamenté no haber estado claro con mis sentimientos anteriormente y me imaginé lo que hubiera pasado si en aquel entonces hubiera sido sincero con él y me le hubiera declarado. Quizá en este momento estuviéramos juntos, o quizá nuestra relación hubiera fracasado y ahora no fuéramos ni amigos.

Esa conversación tan profunda de ese día rondó por mi mente toda la noche y me hice una apuesta conmigo mismo de que cuando lo viera al día siguiente le recordaría esa conversa y le diría que lamentaba haber dicho la frase en tiempo pasado, y que aún me gustaba él.

¿Tendría el suficiente valor para hacerlo? ¿Saldrían esas palabras de mi boca? ¿Lograría ser yo el que diera el primer paso en esa posible relación? Si fuera así, ¿sería yo el culpable de dañar la relación para siempre por tan sólo decirle lo que sentía? ¿Y qué era lo que sentía? ¿Realmente me gustaba él, o sólo me gustaba que existiera una persona que me escuchara, que me entendiera y me comprendiera? ¿Qué era lo que sentía por él?

No pude dormir en la noche, así que al día siguiente estaba todo amanecido y con unas ojeras enormes. Me duché, desayuné rápido y salí de la casa. Todo el grupo de costumbre nos reunimos para echar broma por allí, pero no encontraba ninguna oportunidad de hablar con él en privado. Y si lo hiciera, ¿le diría lo que había preparado la noche anterior? Las horas pasaban, y ya estaba a punto de anochecer. Yo me tenía que regresar a mi casa así que empezaron las despedidas. Unos se quedarían comiendo en el Centro Comercial El Tolón, por las Mercedes, yo caminaría hasta el metro con dos amigos, y él tomaría un taxi para su casa.

En el camino para el Tolón, yo lo llamé y empecé a caminar lento para que los demás nos sobrepasaran y tuviéramos algo de privacidad. Mi corazón empezó a latir con fuerza, mi mente dió vueltas como loco y no supe si podría hacerlo. Mi lengua posiblemente se enrredaría también. Pero a pesar de tantos malos augurios, pude soltar lo que mi corazón quería decir, lo que mi mente había creado la noche anterior. Se lo dije así mismo:

Yo: ¿Recuerdas ayer cuando estábamos hablando?

Él: Sí...

Yo: ¿De cuando te dije que tú me llegaste a gustar?

Él: Ajá...

Yo: Pues, hoy lamento habertelo dicho en pasado...

Él: Ah? Qué quieres decir? Es que estoy un poco lento.

Yo: Dije que lamento mucho haberlo dicho en TIEMPO pasado.

Él: (silencio)... Estás diciendo lo que yo creo que estás diciendo?

Yo: (asentí con la cabeza sin poder decir palabra)

En ese momento él puso una cara de sorpresa total, son una semi sonrisa que aún hoy en día me estoy preguntando qué significará. ¿Será que le gustó la noticia? ¿Habrá estado esperando que yo diera el primer paso? ¿O no será nada y yo me estoy imaginando cosas donde no las hay?

En fin, cuando nos despedimos, nos abrazamos y él me dijo en el oído "Tranquilo, que yo no voy a cambiar por eso que me dijste". Aún no nos hemos podido ver desde entonces, y cuando lo haga volveré a buscar en lo más profundo de mi ser ese valor que está arraigada en mí pero que me es difícil de usar.

El valor es algo innato, todos los tenemos pero pocos los usamos, yo digo que hay momento para todo, y hay momentos en el que hay que tener mucho valor. Espero que algo bueno salga de este evento, si es sólo el sincerarme con él y seguir siendo amigos, o si llegamos a ser algo más que eso.


Valiente es aquel que tiene miedo pero que enfrenta y supera sus miedos.
Aquel que no le teme a nada es un irresponsable.

Anónimo