martes, 30 de septiembre de 2008

Crónicas de un bi (Epílogo: Lonely again... solo de nuevo)

Ya han pasado unas semanas y mi corazón sigue con la herida abierta... Poco a poco he logrado recordar lo que significa estar solo otra vez.

Justamente a la semana de nuestra separación nos vimos de nuevo. Hablamos por horas de cosas triviales. También leyó este diario, y hasta dejó un mensaje; mensaje que volvía a decir lo mismo que ha dicho siempre:

5:50 pm 09/03/07
Sentado junto a él, me siento más seguro, más libre...
Sin presiones... ¿lo odio? No... ¿lo quiero? Sí...
Es súper especial en mi vida, solamente (no quiero volver a lo mismo) fue muy rápido...
Lento... cada vez más lento...

“Se delicado y espera, dame tiempo para darte... todo lo que tengo...”
Julieta Venegas “Lento”

Te quiero mucho!
No lo olvides!
Disfruto mucho estar contigo...

Besos!
Totales!

He pasado noches enteras sin dormir, llorando en mi cama, recordando... Cada cosa me recuerda algo de él, desde la música más tranquila, hasta algunos regguetons. De echo, la canción que me persigue en este momento es la de Franco De Vita “Tengo”:

“Tengo un corazón que se le olvidó, que ya no queda nada entre tú y yo. Tengo que seguir, contigo o sin ti, si en tu vida ya no hay sitio para mí”

Cuando lo vi aquel día, lo noté cambiado, mejorado quizás, con un corte de cabello nuevo y una bonita camisa que le lucía muy bien... A mi mente llegaron tantas escenas, tantos momentos que vivimos y dejamos de vivir. Ya nunca más sentiría el sabor de sus labios, más nunca sentiría su abrazo fuerte junto a mí, nunca más tomaría su mano y la apretaría, nunca más...

Tengo que aprender a vivir sin él, recordar que él quiere salvar una amistad, más nada. Aprender a verlo como un amigo, y sólo eso. Yo tengo que volver a acostumbrarme a estar solo, solo de nuevo. Tal y como dijo Arjona en su disco:

“La soledad es un beso que se desperdicia en la almohada, es ver la sombra y la silueta de alguien que ya no está”

“La soledad es entender por fin, que no hay mejor compañía que la soledad”

De ahora en adelante seré yo, y sólo yo... Me preocuparé por mí mismo, cortaré mi cabello, buscaré trabajo, cumpliré mis responsabilidades, y aprenderé a perdonarme a mí mismo por haber incumplido mi palabra. Aprenderé a no sufrir tanto cuando pase por la Plaza Altamira y por el banco donde nos confesamos; cuando esté por el Recreo y recuerde las visitas a la Fraga y a 2 Barras; cuando esté en la UCV y pase por Tierra de Nadie y por la Facultad de Ciencias.

¿Solo? Aún tengo a mis amigos, aunque a veces me cueste contactar con ellos; aún tengo a mi familia, aunque no puedo contar con ellos para desahogarme... Aún me tengo a mí, y eso es lo más importante... Mi corazón se curará con el tiempo, siempre lo hace... Y mi soledad y yo estaremos juntos un tiempo, apoyándonos mutuamente.

“Maldita esas ganas de volver a verte si ya te he perdido. Maldita suerte de quererte aunque se caiga el mundo, vivir por ti, morir cada segundo. Maldita la hora en que nos prometimos alcanzar el cielo... y el cielo se desplomó”.

Víctor Manuelle y Sin Bandera
“Maldita Suerte”

sábado, 27 de septiembre de 2008

Crónicas de un bi (15, el final de una historia... ¿y el comienzo de algo más?)

Quizá fue a causa de lo de Revo, o quizá son cosas mías, pero a partir de ese fin de semana, todo se volvió más delicado. El lunes y martes fueron de Carnaval y no salí de mi casa. Él, como cosa rara, se quedaba sin saldo eventualmente, y cuando tenía no hablábamos mucho. En una ocasión nos citamos para ir al mismo sitio donde él le confesó su nota a Mildred (cuando me presentó como su novio), para discutir acerca de nuestra relación.

Yo ordené una cerveza, él un té con leche; cuando nos lo llevaron, empezamos a hablar. Me dijo que no se sentía cómodo con la relación, que en ese mes y algunos días que llevábamos no creía que me conocía lo suficiente, que nos empatamos muy rápido, y que no pasamos por los escalones necesarios para que una relación sea sólida. Dijo que en ese momento nuestra relación estaba en un “CAUTION”, “DANGER” y “WARNING”. Yo, por mi parte, le dije que lamentaba que él se sintiera así, que yo no sentía lo mismo, y que aunque nuestras personalidades sean tan distintas nos compenetrábamos bien, que es cierto que conocernos lleva tiempo, pero que yo creía que tenía una buena impresión de lo que era él. Estuvimos hablando por un buen rato y concluimos que, aunque no hubiéramos cortado, que tendríamos cuidado porque andábamos en la cuerda floja.

Pasado un tiempo, llegó Daniel junto con un chamo nuevo (otro Leonardo), nos tomamos otras cervezas y volvimos a la facultad, donde a los pocos minutos llegó Carmen y otro chico más amigo de Daniel, llamado Miguel. Nos quedamos conversando por un rato, sentados en uno de los pasillos, hasta que cada uno se tenía que ir. A Carmen la fue a buscar su novia Jasmine, Joaco se fue con ellos porque iban a ir al cine los tres, y David se les unió porque iba a aprovechar la cola del carro de Jasmine para que lo llevaran al Sambil; Miguel se despidió pero se quedó cerca de esa zona, y yo me fui en el metro con Leonardo. En la noche recibí un mensaje de Joaquín que me dijo que al final no fueron al cine, sino a comer sushi, y que Daniel se quedó con ellos [ >:-( ] Minutos antes irnos, yo le había pedido a Joaco que nos metiéramos en uno de los salones vacíos para al menos besarnos, ya me urgía tener sus labios en los míos, pero al final no nos fuimos a ningún lado, sino que ahí mismo, en el pasillo, en frente de todos (bueno, no había nadie a esa hora), me dio beso corto.

En los días siguientes, yo fui el que no tenía saldo y la comunicación fue nula, hasta que por fin llegó el fin de mes y le metí tarjeta a mi celular. Rápidamente concreté una reunión con él y una de mis mejores amigas: si él quería conocerme, ¿qué mejor forma que esa para hacerlo? Los dos aceptaron reunirse al día siguiente sin problemas, primero me iba a ver con mi amiga y juntos nos iríamos a ver con él.

El encuentro con mi amiga fue muy gratificante, me comentó cosas delicadas de ella y yo le conté de los problemas que tenía con Joaquín. Me dio todo su apoyo y me dijo que podía contar con ella para lo que sea. Al rato él me llamó, dijo que ya estaba en el sitio donde nos íbamos a reunir, yo le dije que ya íbamos en camino. Era cierto, pero caminamos lentamente a propósito para que él viera lo incómodo que es esperar a otra persona. Cuando llegamos a Plaza Altamira, él estaba en el mismo banquito donde nos confesamos todo la primera vez, prácticamente cuando nos empatamos. Ahí nos quedamos un rato, ellos hablaron bastante entre sí, y a los minutos él sugirió que fuésemos para Cool Café. Mi amiga nunca había ido a ningún sitio de ambiente, así que me pareció buena idea de que el primero que conociera, sea uno de los mejores.

Entramos y nos sentamos en una de las mesas, según Joaquín, Daniel iba a ir con unos amigos (sí, otra vez él =S ). Ordenamos unos tragos y algo para comer, y seguimos con las conversaciones. Los temas eran interesantes hasta que Daniel y compañía llegaron, el primero era Miguel el de la UCV, y el otro no lo conocía, pero por lo visto sí lo conocían bien en Cool, porque saludó a más de una persona allá dentro. Después de un buen rato es que llegaron los tequeños; bebimos, comimos y hablamos durante un tiempo más, pero Joaco estaba nuy apartado, muy equis, de echo ni siquiera nos sentamos juntos en la mesa. Ya a las 8pm pagamos la cuenta y nos fuimos, no sin antes oír cantar a Joaquín, Daniel y el otro chamo que no recuerdo como se llama en el Karaoke de esa noche. Al final, Joaco y mi amiga se fueron en el mismo vagón del metro hablando de quién sabe qué, y yo me fui solo en la otra dirección puesto que los otros se quedaron en el local.

El miércoles hablé poco con Joaquín, le pregunté por mi amiga y me dijo que le cayó súper bien. También me dijo lo único que una persona no quiere oír o leer en un mensaje de texto: Tenemos que hablar de lo nuestro. Acordamos vernos al día siguiente para conversarlo, y yo en mi mente ya tejía los pensamientos de adónde iba a parar todo esto.

Ese fatídico jueves 1º de marzo llegué a las 12:20pm, y me lo encontré con Carmen que había reprobado una materia y ahora tenía que repararla. Nos quedamos ahí en Ciencias un momento y luego nos fuimos a la escuela de Mate para ver las notas definitivas de Joaco. Al poco tiempo le pregunté por lo bajo que a qué hora íbamos a hablar, y él me dijo que más tarde. Al salir de esa escuela y ver que Joaquín aprobó sin problemas sus parciales, nos fuimos a comer comida china y por casualidad de la vida ¿coincidencias? al final nos quedamos solos él y yo, toda una tarde para hablar.

Nos fuimos para Tierra de Nadie, a un sitio en la universidad donde nunca había ido, no tan escondido pero cómodo, sin muchos bichos, en un suelito de cemento y una vista muy bonita del resto de Tierra de Nadie. Nos sentamos, reposamos la comida, y nos acostamos uno al lado del otro mirando al cielo, y empezamos a hablar. Como yo sabía por donde venía todo, y como a él se le dificultaba comenzar, yo le dije: No te sientes cómodo, ¿verdad? Y quieres dejar esto hasta aquí. Su respuesta no se hizo esperar: . Dijo que no éramos compatibles, que quería conocerme más, pero como pareja ya no funcionábamos, que aún me quería mucho y no quería perder mi amistad. En ese momento, un par de lágrimas bajaron por mis mejillas. Realmente no pensaba que lo nuestro fuese a durar mucho, pero esperaba que durase más que un solo mes. Hablamos mucho ese día, y aunque mi corazón estuviera roto, sentía que no quería que esa conversa acabara. Por un momento recordé el primer día en Altamira, donde también sentí lo mismo, y no quería que terminara la charla.

Él se sintió un poco mal cuando me vio llorar, pero le dije que se quedara tranquilo, que yo era muy sensible, nada más. Él me besó por última vez, y a mí no me importó dónde estábamos, ni quien nos viera. No me importó que hayamos estado en un sitio tan transitado, ni que podía verme alguien que me conociera. No me importó nada de eso... Sin embargo, yo no le respondí el beso. Sólo me quedé ahí sentado y con las lágrimas cayendo de mis ojos, aún intentando asimilar lo que estaba pasando, aún acostumbrándome a la idea de que esa otra persona que estaba al frente de mí ya no fuera mi novio, ya nunca más lo sería. Que podríamos vernos en cualquier momento, pero yo no podría decir que él fuera algo mío. Me dijo para irnos a otro sitio a tomarnos algo, pero yo me negué, prefería estar ahí, en ese mismo lugar, con los mismos árboles cerca, la misma hermosa vista, viéndolo a él tan cerca, pero estando más lejos que nunca. Sabía que todo iba a cambiar, que todo iba a ser diferente. Sólo tenía que decidir cuál de los dos caminos tomar: el del olvido y el resentimiento, crearme la ilusión de que él nunca existió, no hablarle más, alejarme por completo de su vida para que no afecte la mía; o la opción del resignamiento, olvidar los problemas que tuvimos y empezar desde cero, una relación de amistad únicamente. Yo, como no puedo negarme a una amistad, le abrí esa puerta, aunque ya yo sabía lo difícil que sería al principio.

Eventualmente se hizo tarde, ya las cartas estaban echadas, ya no había nada más que decir. La relación había tenido su nacimiento, su vida y su fin... Este era su fin, su muerte... Ya no habría nunca más un “nosotros”. Sólo quedan los recuerdos que intentaré conservar toda mi vida, como la primera relación con una persona de mi propio sexo al cual puedo decir que llegué a amar. Tal y como un mensaje que él me mandó en la noche, mientras esperaba el autobús a mi casa: “Este no fue un final... Fue un nuevo comienzo... Recuérdalo, quiero que lo recuerdes y que lo tengas presente”; y otros que me dejaron un gran signo de interrogación en mi mente: “¿Sabes algo? Hoy de verdad que disfruté mucho estar contigo... Tenía tiempo que no lo disfrutaba tanto...” y “No creas que esto que pasó hoy quiere decir que no te quiero más... De verdad que te quiero bastante pero de verdad que esta decisión fue la más sana...” y cuando traté de aclarar que sólo pudo ser sano para él, ya que yo estaba destrozado, me respondió: “¡Tonto! Esto hará que nos conozcamos mejor... Te lo aseguro. Darle tiempo al tiempo, querido Assail! Sonríe, que nos espera algo mejor, lo presiento...”.

Bueno, esa fue la historia de una relación. ¿El comienzo de otra o de algo mejor? Solo el tiempo lo dirá... Por ahora solo debo sanar mis heridas, madurar, descansar, poner mis cosas en orden, y luego seguir adelante. Con la frente en alto. Debo acostumbrarme a ser yo, y solo yo, y acostumbrarme a que todo lo que me cause dolor en este momento me hará más fuerte, y podré seguir adelante, solo, como siempre lo he estado...

Assail Linus
Sábado, 3 de marzo de 2007

sábado, 20 de septiembre de 2008

Crónicas de un bi (14, el GRAN fin de semana, parte 2)

Lo primero que me sorprendió bastante (aunque, claro, a Carmen, a Jasmine y a Joaco le sorprendió mucho más), fue que el tío gay de Carmen estaba en la discoteca, ¡y hasta la saludó a ella! El tío no sabía nada de la nota de Carmen, y ella tampoco se lo iba a decir en ese momento, Joaco llegó corriendo a mí y sólo me dijo: “Bésame rápido”, para que el tío se diera cuenta que el gay era Joaco y no Carmen. Ella y su novia se fueron tan rápido como pudieron para evitar más problemas, y nosotros nos quedamos perreando mucho a Joaquín para que al tío (que sólo sabía que Joaco era amigo de Carmen) no se le olvidara nunca que fue él quien la llevó a ella para ese lugar, y que el único homosexual era él y no su inocente sobrina.

Lo otro fueron las visitas a los Cuartos Oscuros, lugares preferidos por unos y odiados por otros. La primera vez que entramos fue algo muy nulo, habían dos salas para hombres y una para mujeres. En la primera que entramos, estaba totalmente vacía, Daniel, Joaquín y yo nos miramos las caras y nos fuimos a la segunda para hombres, que también estaba vacía por completo. Daniel dijo que era porque aún era muy temprano, que más tarde es que se llenaban. Así que salimos a esperar un tiempo.

La segunda vez fue algo más interesante. Entramos de una vez en la segunda habitación, que era el más grande, y vimos más personas adentro, aunque unos cuantos sólo se estaban besando y otras sólo curioseando. Nos fuimos los tres a una esquina y Joaquín nos dijo que nos metiéramos mano entre nosotros, yo a Daniel, Daniel a mí, y nosotros dos a él por ser su cumpleaños. Yo aproveché para acapararlo, besarlo mucho y meterle mano a él, pero no a Daniel, y éste afortunadamente no se estaba aprovechando de la situación, sólo estaba ahí cerca para disimular. De pronto entró un tipo y empezó a mirarnos mucho, y poco a poco se empezó a acercar, y a acercar, y yo le susurraba a mi novio que eso ya no me estaba agradando. Cuál sería mi sorpresa cuando el tipo poco a poco extiende su mano ¡y la dirige al miembro de Joaquín! Eso me incomodó mucho más y se lo dije a Joaco, y éste me dijo “Bueno, está bien, salgamos de aquí”. Cuando me doy vuelta para empezar el camino hacia la salida de la habitación, me doy cuenta que habían otros tres tipos detrás de mí con las mismas intenciones del primero. Salimos rápidamente, Joaquín con una sonrisa en la cara ya que le había gustado mucho el morbo, David más relajado ya que él sí sabía que eso podía pasar, y yo con una expresión de tranquilidad una vez que estuvimos afuera, aunque todavía algo incómodo. Entramos en el otro cuarto y como no había nada interesante, sino unas parejas besándose, salimos y nos sentamos en unas mesas a esperar la tercera visita a esos salones.

A la tercera vez, fue mucho más interesante que las veces anteriores. Entramos en el cuarto grande sólo para ver qué había por ahí. Vimos mucha más gente reunida, y es que la verdadera acción ya había comenzado. Había varias personas haciéndoles orales a otros. Nos entretuvimos un buen rato en el fondo de la sala donde había una pareja en plena faena, hasta que al cabo de un rato otros tipos que también observaban se nos acercaron a nosotros tres y nosotros los rechazábamos con un simple “No, gracias”. A los pocos minutos, decidimos ver si el otro cuarto estaba más vacío -porque este estaba a rebosar-, y de salida pudimos ver con más claridad, sin tantas personas que nos obstaculizaran la vista, a un tipo mamándole el guevo al otro, y pudimos detallarlo a toda plenitud.

Al entrar en el otro cuarto, vimos que la cosa no estaba tan diferente, sí había menos personas, pero la acción también había comenzado. Nos pusimos al lado de dos personas que estaban “ocupados” y como el morbo fue tan grande para Joaco, me preguntó si se lo podía mamar ahí mismo. Yo le dije que no quería, que no me gustaba hacer eso en frente de desconocidos, que eso es un acto tan íntimo que no me agradaba la idea, pero le dije, que si él quería podía masturbarlo, ¡total! Como él era el exhibicionista, yo no tenía en hacer eso. Accedió un poco decepcionado, y le dije que se lo sacara, pero él me dijo que lo hiciera yo mismo. Acepté y le desabroché el cinturón, el pantalón y le saqué su majestuosidad del bóxer. Yo estaba muy cerquita de él, para que no se notara mucho lo que hacíamos, pero Joaquín me dijo que la cosa era que lo vieran, así que alejé un poco mi cuerpo y le empecé a hacerle la paja. Lo besaba, lo tocaba, le metía mi otra mano dentro de su camisa y le acariciaba el pecho y las tetillas, subí a su cabello y luego la bajé poco a poco hasta llegar a sus testículos. Él me insistía que le gustaría que yo me lo metiera en la boca, y yo me volvía a negar.

Al cabo de un rato, la acción de esa sala bajó mucho y decidimos regresar al primer salón. Él se guardó su miembro y se medio acomodó su ropa. Salimos volvimos a entrar en la sala grande, el cual seguía repleta de gente, aunque ya no tanto como antes. Nos colocamos en una esquina y yo seguí masturbando a mi novio. Yo ya para ese momento había estado considerando la opción de complacer sus peticiones, después de todo, estábamos celebrando su cumpleaños y yo aún le debía un buen regalo. Pero puse mis propias condiciones, se lo iba a hacer pero tenía que quedar bien claro que sólo lo hacía para complacerlo, y que yo aun no estaba al 100% contento con esa opción, y que no iba a durar mucho tiempo, porque realmente no me apetecía hacerlo, y que él se tenía que dar la vuelta, o sea, que yo iba a estar de espaldas a la pared y él dándole la espalda a todos, para que solo me viera a mí y a nadie más que a mí. Una vez establecidas las reglas del juego, y de que ambas partes accedimos, ya no me quedaba más de otra que cumplir con mi palabra.

Un “Ooookey” de parte de Daniel cuando yo me agaché fue lo único que se oyó y dio por sentado que la cosa iba en serio. Con mucha naturalidad, y recordando la otra ocasión en la facultad, pasé mi lengua por la superficie de su glande, le acaricié toda su cabeza con mi lengua, y recordando lo sensible que era a mis dientes, procuré tomar todas las medidas necesarias para que esta vez sólo sintiera placer, y me introduje su miembro en mi boca. Le hice un oral sencillo, yo aún me sentía un poco incómodo, así que no me lo metí hasta el fondo, no me atraganté con él. Cuando vi que la cosa le estaba gustando mucho, decidí detenerme para que se quedara picado, después de todo yo aún estaba molesto por lo de la tarde. Él tampoco dijo mucho cuando terminé de hacer mi trabajo, sólo que él había pensado que yo me lo metería hasta el final. Al cabo de unos minutos, salimos los tres, nos tomamos unas cervezas más, y seguimos bailando hasta que se hicieron las 5:30am, cuando nos fuimos de la disco.

Yo no lo sabía, pero ese iba a ser nuestro último encuentro sexual en un sitio de ambiente; si lo hubiera sospechado, quizá lo hubiera echo acabar por completo, y lo hubiera dejado que me lo hiciera a mí... Pero este mundo está lleno de decisiones, y yo tomé la mía en ese momento; él también tomaría la suya, y no me iba a agradar, pero eso lo leerán en el próximo capítulo. ¡Hasta entonces!

sábado, 13 de septiembre de 2008

Crónicas de un bi (13, el GRAN fin de semana, parte 1)

No es de importancia que les relate cómo me preparé en la mañana en mi casa, ni cómo pude llevar un bolso con varias mudas de ropa, colonia, gel para el cabello y un par de zapatos extras; tampoco quieren saber cómo me fue en la reunión con mis amigos straights del pasado, ni que ese día nos pusimos a jugar fútbol y yo terminé totalmente sudado y agotado; pero lo que sí necesitan saber fue lo que pasó al salir del Parque del Este, cuando me fui al Sambil a comer y esperar a que anochezca para poder ir a la Disco.

Ese día le pasé varios mensajes a Joaco, pero él no me contestaba, le había estado escribiendo desde el día anterior y nada que me respondía. Supuse que se le había acabado el saldo. Le escribí a Daniel y él fue quien me dijo que me fuera al Sambil, que él también iba a ir a Revo por el cumple de Joaquín, y que del Centro Comercial nos iríamos a los Cortijos en la noche.

Yo llegué puntual (como se nota que siempre soy así), y le escribí a mi amigo. Él me dijo que me fuera a la feria de comidas y lo esperara. Eso hice y apenas llegué me di cuenta de lo hambriento que estaba. También me di cuenta de lo lleno que estaba ese lugar, así que cuando conseguí una mesa vacía, sólo me puse a mandarle mensajes como loco a Daniel para que se apresurara, pero él estaba un poco ocupado haciéndose un yo-no-se-qué en la pollina. El resto de los comensales me veían ahí, solo, ocupando una mesa y tres sillas (dos para nosotros dos y una para mi bolso LOL) y yo estaba demasiado incómodo por eso, por no mencionar el hambre que cada momento era mayor. Tuve que esperar casi una hora hasta que por fin se le ocurrió a este chamo subir y llegar a donde estaba yo. En cuanto lo hizo, casi volé hasta el McDonald’s, que era el que tenía más cerca, para comprarme un McCombo.

Luego de satisfecha mi hambre, y de hablar con Daniel un ratico, salimos de la feria y bajamos al Nivel Autopista, donde una amiga de él trabajaba. Mientras él conversaba con ella, yo busqué un baño para asearme, cambiarme y arreglarme (que malo es vivir lejos de la capital, y no tener sitio donde bañarme cerca :S ) para ir a la Disco, pero hasta ese simple hecho me fue difícil. Caminé y caminé, y entré como a cinco baños distintos, y en todos los cubículos estaban llenos, y es lógico que no me iba a cambiar ahí mismo en frente de todos. Al final entré a un aseo donde afortunadamente el último cubículo, que aparte era el más grande, estaba vacío, así que no lo pensé dos veces y me encerré en él. Me cambié la camisa, los zapatos, ordené mi bolso para que todo volviera a estar en su sitio, saqué y puse en un lugar accesible mi cédula, el dinero... en fin, logré arreglarlo todo. Luego salí y me dirigí a los lavamanos, me cepillé los dientes, me peiné, me puse gelatina en el cabello y me eché colonia, y en cuanto estuve listo salí del baño en mucho mejor estado a como entré.

Volví al quiosco donde trabajaba la amiga de Daniel, hablé con ella un rato y pude percatarme que esa mujer estaba muuuy buena. Luego me enteré gracias a Daniel que Joaquín finalmente le había metido saldo a su teléfono, ya que le había mandado unos cuantos mensajes a él. ¿A él? ¿Y por qué no a mí? Eso me arrechó mucho, yo le había escrito desde el día anterior, yo era su novio, yo debí ser la primera persona con quien contactara apenas le metiera saldo a su celular, pero no lo hizo. No en ese momento, al menos. Pasaron unas horas, eran cerca de las nueve cuando me escribió: “Assail, nos vemos a las 10 en la cola de Revo”. Más nada, ni preguntó cómo estaba, ni dónde estaba, ni siquiera con quién me encontraba. Le escribí de vuelta algo chocante: “Ah! ¿Recordaste que tenías novio?” y otras cosas más que ahora no recuerdo. Él respondió con un simple: “Debo suponer que estás molesto”. No le escribí más.

Cuando el centro comercial ya estaba cerrando, Daniel y yo nos fuimos finalmente. Tomamos el Metro cuando el reloj marcaba las 10 en punto, y a los veinte minutos ya estábamos en nuestro destino, cuando nos topamos con nuestras peores pesadillas.

Una fiesta de “tukis” (a.k.a. malandros, chabacanos, chaborros, tierrúos... ¿continúo?) se estaba dando lugar justo a unos metros de la entrada de la calle que baja directamente a la discoteca, y era una GRAN fiesta. Un grupo increíblemente grande de tukis estaban por doquier, y es bien sabido que la mayoría de esos malandritos odian a muerte a las personas de ambiente. Fue por eso que Daniel y yo acordamos que nunca íbamos a bajar a la disco por esa calle, era técnicamente imposible, así que hicimos lo más lógico para un caso así: pedir ayuda. Gracias a Dios, Joaquín le había dicho a Daniel (porque a mí nunca me lo dijo) que él se iba a ir a Revo en el carro de Jasmine, la novia de Carmen. Nos pusimos de acuerdo y ellos nos fueron a buscar al sitio donde los estábamos esperando. Tardaron un poquito en llegar, pero al final lo hicieron y juntos nos fuimos a la Disco, Llegamos, aparcamos el coche y nos pusimos a hacer la cola que ya estaba formada. Hablamos un poco, Joaquín estaba levemente ausente y molesto porque le había pasado mensaje a un montón de personas para que fueran a celebrar su cumpleaños ese día y sólo estábamos nosotros. Las puertas de Revolutions tardaron más tiempo de lo usual en abrir, como a las 11:30pm aproximadamente lo hicieron, hasta que finalmente pudimos entrar.

Lo siguiente que debo relatar es tan difícil que no sé cómo hacerlo, porque hubo tantas cosas que no recuerdo el orden exacto de los acontecimientos: lo del tío de Carmen, las tres visitas a los cuartos oscuros, la negación de Joaco de que lo besara en frente de Daniel, la “perreada” que le hicimos a mi novio cuando él estaba sentado, las músicas malas del hueco tipo Fraga, la no tan mala de la Sala Latina, los Stripers, los momentos en la mesa, la entrada que fue libre pero los tragos eran carísimos... Aunque realmente la guinda del pastel fueron en encuentro del tío de Carmen y las visitas a los cuartos oscuros... Pero esos detalles lo leerán en el próximo capítulo. LOL

sábado, 6 de septiembre de 2008

Crónicas de un bi (12, de parciales, San Valentín y cumpleaños)

Una nueva semana trascurría y un nuevo paso avanzábamos en nuestra relación de pareja, aunque para mí un poco más lento de lo que esperaba. Semana a semana ocurría algo nuevo, algo realmente significante, y la tercera semana no iba a pasar de largo.

El día miércoles cayó casualmente el día de San Valentín; Joaquín iba a presentar su tercer parcial de Mate, un parcial definitivo, así que los días previos estaba muy ocupado para que nos viéramos, sin embargo arregló un poco su agenda para que el martes nos viéramos así sea un rato.

Yo fui y lo acompañé mientras él entraba a clases. Supuestamente ese día nos íbamos a ver desde temprano pero se retrasó y llegó a la 1:20pm (cuando yo legué a las 11:45am ¬¬) Nos sentamos juntos al final del salón, y para no molestar a la clase nos comunicábamos con una hoja de papel donde “chateábamos”. Hablábamos de algunas cosas muy triviales, hasta que de repente se me ocurrió decirle que si el salón no hubiera estado lleno, me provocaba enormemente darle un beso ahí mismo. Él me dijo: “Voltéate” y así lo hice, y nos dimos un beso pequeñito, de piquito y de media boca, pero fue suficiente para satisfacer nuestro descaro. Yo creo que el profesor pudo darse cuenta de por dónde venía la cosa, aunque no puedo afirmarlo. Cuando finalizó la clase, nos fuimos a otro salón Joaquín, Mildred, Carmen y yo, para que ellos siguieran estudiando para el parcial.

Joaquín demostró que no era tan malo como profesor, aunque en ocasiones él mismo se confundía con sus propias explicaciones. Más tarde, él dejó a las chicas con un problema matemático mientras él y yo nos íbamos al final del salón, por la primera columna de pupitres, para estar un poco con nosotros mismos.

Ahí sentados en el piso, en ese rinconcito, nos besamos intensamente, nos acariciamos, nos tocamos y, con mucha osadía, nos sacamos nuestros penes y los probamos por primera vez. Él primero se acercó al mío, le pasó la lengua por el glande y lo besó. Introdujo su pene en mi boca y levemente empezó a succionar. No trabajó por mucho tiempo porque, según él, mi miembro hedía mucho. Luego llegó mi turno de hacerlo, iba a ser la primera vez en mi vida que tuviera un pene en mi boca. Me le acerqué, le rocé con la puntita de mi lengua y sus líquidos preseminales empezaron a salir. Le daba vueltas a mi lengua por todo su glande y luego me lo introduje todo en mi boca. Al principio, se quejó porque su pene era muy sensible y mis dientes le lastimaron un poquitín, pero acomodé su miembro, acomodé mi lengua, y logré una mejor posición para la acción. Con mi lengua le estimulaba la cabeza del miembro mientras hacía el movimiento de succión. No lo hacía rápido, me tomaba mi tiempo para darle más placer, me lo sacaba y miraba a Joaquín a los ojos, besaba toda la longitud de su miembro y él me dio unas “pene-chetadas” (como cachetadas con el pene LOL) No voy a decir que me desagradó, pero sí que el único pene que tendré en mi boca será el suyo. No me gusta ser el pasivo de la relación. Él tendrá que dar algo a cambio LOL. (Transcribiendo esta información puedo decir que ya no pienso lo mismo acerca de estas frases finales. Primero, he comprendido que el pasivo en una relación no es el que le mama el guevo al otro, cosa que no tenía muy claro cuando escribí esa anotación en el diario; y Segundo, ya no creo que su pene sea el único que vaya a tener en mi boca, es lógico que quiera dar rienda suelta a mi sexualidad, y no me voy a estancar en una sola relación homosexual. (Nota de Trascripción))

Ese momento entre mi novio y yo fue muy especial, el único problema fue cuando escuchamos una voz que no debía estar ahí. Cuando nos dimos cuenta, un pana de Joaquín estaba en el salón hablando con Mildred y Carmen. Por supuesto que nos descubrió, y no fue solo que Joaquín haya sido gay o que se estaba dando besos con otro chico, sino que otro hombre se lo estaba mamando a él... Al poco (¿poco?) tiempo, ese chamo se fue y nosotros abandonamos la pose en que estábamos (nos habíamos quedado como estatuas, queriendo fusionarnos con el piso, para que el tipo no se diera cuenta que estábamos ahí, aunque ya estábamos concientes que él lo había hecho) y nos levantamos, entre asustados y preocupados (Joaquín estaba en un mar de nervios increíble). Ese día terminó, mi novio resignado de que su amigo se enteró de todo.

Al día siguiente, el tan esperado San Valentín, me fui a la Central a la misma hora de siempre. Cuando llegué, él aún estaba presentando su parcial. Me encontré con Mildred que ya había salido y nos sentamos en el piso a esperar, junto con otras compañeras de clase, a que Joaco y Carmen terminaran. Cuando lo hicieron, él salió del salón con cara de preocupación puesto que no sabía si tenía la nota para aprobar la materia, sin embargo nos quedamos ahí mismo hablando un rato más. Como el resto de los compañeros de Joaco que estaban con nosotros no sabían nada de lo nuestro, no podíamos hacer nada, así que sólo actuaba como un amigo más del grupo.

Por ser también el Día de la Amistad, ellos empezaron a repartir regalitos sencillos. Joaquín estaba triste porque él no había llevado nada a nadie, así que sacó su Ipod y empezó a “regalar” canciones a cada uno de nosotros. A mí, por supuesto, me regaló la que me había dedicado el primer día de nuestro noviazgo, una canción muy poco conocida de una artista nipona. Tuve que resistirme con todas mis fuerzas para no soltar ni una sola lágrima en frente de todos. Al poco rato llegó Daniel, nos quedamos un ratico más, y luego nos fuimos a La Langosta, que es una pequeña placita que está en esa misma facultad. En un momento en el que logramos sentarnos a hablar más o menos en privado, le entregué la tarjeta que le había llevado y nos abrazamos tiernamente. Después de pensar un poco de lo que íbamos a hacer, Carmen, Daniel, Joaquín y yo nos fuimos a una tasquita que queda a unas cuadras de la universidad y nos tomamos unas cervezas para celebrar tan apreciado día. Luego de un incidente bastante desagradable en ese sitio (no nos estaban atendiendo bien y nos cobraban unas cervezas que no consumimos), terminamos la celebración en otra taguara que quedaba cerca, nos tomamos unas fotos y dimos por finalizado el día.

El jueves 15 no subí a Caracas por motivos personales, pero eso ya Joaquín lo sabía, así que saltaré de una vez al viernes 16. Ese día era el cumpleaños de mi novio, pero al mismo tiempo, yo tenía que hacer una importante diligencia cerca de donde resido, así que mi plan era subir a la capital, estar un rato con Joaco, y bajar a mi casa temprano en la tarde.

Llegué a la facultad como de costumbre temprano, a la espera a que él se dignara a llegar temprano algún día. Mmm, pensándolo bien no hubo mucho que contar de ese momento, sólo que hubo un problema entre Carmen y Mildred debido a un novio nuevo de esta última, ya que al parecer el tipo le había mandado unos mensajes a Carmen, cosa que lógicamente molestó a Mildred, pero ese problema no llegó a mayores. Joaquín se pasó casi toda la tarde tratando de solucionar el lío, así que cuando me di cuenta ya era hora de irme. Nos despedimos con un abrazo en frente del carro de Mildred y los dejé a los tres para que solucionaran el problema.

Llegué a mi casa, le escribí unos mensajes, y me dijo que la cosa se había solucionado por el momento, que no había pasado nada. Me acosté temprano ya que ese fin de semana iba a ser el GRAN fin de semana. Iba a reunirme con una gente que tenía tiempo sin ver en la mañana del sábado, en la noche iba a ir a Revo con Joaco, para celebrar su cumpleaños, y el domingo tenía ensayo en la Central (de una obra con unos bailes, un grupo donde estaba metido); ¿cómo iba a tener la energía para todo eso? Eso no lo sabía, y al finalizar el fin de semana me di cuenta que hay cosas por las que se merece el sacrificio... y cosas por la que no. Pero, por supuesto, eso es parte del siguiente capítulo. ¡Hasta entonces!