jueves, 29 de mayo de 2008

Off Crónicas: Travesura pública

Bienvenidos a las Off Crónicas, en mi penúltima entrada agregué un pequeño Off Crónica pero no expliqué qué significaban, ahora es el momento de hacerlo.

Mis Crónicas de un Bi las terminé de escribir en el capítulo 15, pero dejé por fuera otras aventuras por separado que merecen tener su espacio en esta bitácora virtual. Por eso he creado las Off Crónicas, donde incluiré datos y experiencias fuera del marco principal de las Crónicas.

En esta primera entrada oficial, les contaré de mi primera actividad sexual pública, que curiosamente me pasó hace pocos días.

Pues resulta que estaba en el cine yo solo (si, lo sé, un poco patético), y de repente me acordé de unos videos que había estado viendo la noche anterior referente a unos tipos que se masturbaban en baños públicos de los centros comerciales. Me excité un poco y me pregunté a mí mismo: ¿Por qué no lo intentas? Casi no pude ver el resto de la película porque estaba todo pendiente de lo que podría hacer momentos mas tarde.

Al salir del cine, lo primero que hice fue casi correr al baño más cercano, entré, me acerqué al área de los inodoros, y entré en el único cubículo que estaba abierto ya que el otro parecía estar en mantenimiento. Al cerrar la puerta a mis espaldas me di cuenta que esa puerta tenía dañado el seguro, y por ende no se iba a trancar por nada del mundo. ¡Qué desilución! Después pensé que si al menos mantenía la puerta cerrada nadie la iba a tratar de abrir, pero cuando saqué mi miembro para vaciar mi vejiga, que también estaba llena, de repente sentí que la puerta fue empujada a mis espaldas y un tipo, al percatarse que el cubículo estaba siendo usado, se disculpó y se retiró, pero eso me dio a entender que ese no sería el mejor lugar para "mi trabajo especial".

Salí de ese baño decidido que llevaría a cabo mi deseo, y busqué el segundo baño que tenía ese centro comercial. Entré y me di cuenta que también tenía un sólo cubículo disponible, ya que un gran cono naranja bloqueaba la puerta del inodoro de al lado.

Entré al cubículo cuando había sólo una persona que usaba un orinal cercano, y cerré la puerta, cuando me llevo el segundo chasco del día al ver que la puerta estaba en el mismo estado que la del otro baño, sin seguro bueno, aunque ésta podría catalogarse como peor, ya que ni siquiera se mantenía cerrada sino que se abría unos pocos centímetros. Yo estaba que quería llorar. El inodoro estaba bastante separado de la puerta así que decidí hacer un trabajo rápido, masturbarme parado desde la puerta, con una mano manteniendo la puerta cerrada y la otra "en la masa". Fué bastante peculiar, ya que en una ocasión anterior había tratado de masturbarme en un baño (ver capítulos futuros de mis Crónicas) pero no lo había logrado, y no pensé que en ese momento lo pudiera hacer. Al girarme para ver la puerta, me doy cuenta que había una pequeña franja entre la puerta y la pared del cubículo donde podía observar hacia el baño, de esa forma sabría cuándo salir sin que nadie se diera cuenta.

El tipo del urinal se había marchado hace rato y otros más entraban al baño, pero salían de forma rápida. Ninguno se acercó a los cubículos. Cuando ya sentí que me estaba viniendo, dí un paso hacia el inodoro y descargué unos buenos chorros de semen dentro y en el borde de la poceta. De repente doy la vuelta para asegurarme que no hubiera nadie en el baño, y veo a un joven parado en la puerta del baño esperando posiblemente a que el cubículo se desocupara. Eso no me lo esperaba. Me giro para buscar el papel higiénico para limpiarme, y me doy cuenta que ¡no había! Eso sí que era el acabóse. Imagínense, dejar todo el inodoro sucio y que apenas tú salgas, otro más entre y vea el reguero que dejaste. Me limpié el semen de mi mano con mi boca, me guardé mi miembro en el pantalón y ahí fue que me di cuenta que una pequeña gota de semen me había caído en el blue jean y se me había corrido un poco. Traté de limpiarme lo mejor que pude pero igualmente se notaba. Volví la atención a la poceta. Si bajaba la palanca se irían los restos que estubieran dentro, pero ¿y los del borde? Inmediatamente me empecé a registrar los bolsillos (con una sola mano ya que la otra seguía sosteniendo la puerta) y finalmente encontré un pequeño papelito de publicidad que me habían dado al entrar en el centro comercial. Con eso limpié lo mejor que pude la poceta, bajé la palanca (dos veces porque a la primera dejó algunos restos) y me volví a asomar por la rendija. El chico parecía que se había cansado de esperar y se había acercado a los urinales, en ese momento parecía estar distraído así que aproveché que ya yo estaba todo arreglado y salí como si nada del cubículo, pasé por detrás de él, llegué a los lavamanos, me las enjuagué levemente y salí, no sin antes volver la mirada al chico que ahora estaba entrando al cubículo que yo había dejado.

Salí pitando del centro comercial como si no tuviera nada más en mente, mi paso rápido hacía que la pequeña mancha de mi pantalón pasara desapercibida (ayudado también por el tipo de tela de mi jean), y además de esa forma se secaba más rápido. Mientras salía, con toda la calma relativa, sentía que todas las personas me miraban, y yo no dejaba de sonreír como si hubiera hecho una picardía infantil.

Me sentí realmente bien, y sé que lo volveré a hacer, sólo que la próxima vez será en otro centro comercial donde los baños estén en mejor estado, ¡y que tengan papel higiénico a la mano!

LOL

viernes, 23 de mayo de 2008

Crónicas de un bi (9, en Cool Café)

Cool Café ha sido el antro donde verdaderamente disfruté mucho por dos razones, dos días que fueron muy distintos para mí. El primero de ellos fue en la segunda cita, un día después de las confesiones en la Plaza.

Temprano en la tarde, yo fui a buscar a Joaquín a su universidad para irnos juntos al reunirnos con los chicos en un Centro Comercial bien conocido. Yo estaba esperándolo viendo unos discos de un buhonero de la calle, cuando él me tocó un hombro. Yo me volteé y quise estrecharle la mano, pero él se me adelantó y me dio un abrazo, que no creo que haya sido mal visto porque fue de lo más normal, luego de una pequeña conversa, nos fuimos al Centro Comercial. Al llegar, nos encontramos con Lenny y Samuel; Lenny había llevado a un chico con el que estaba saliendo -Daniel, medio fuertecito pero simpático y buena onda-; y Samuel empezó a molestarnos con que Joaco y yo nos veíamos bien juntos. A los pocos minutos llegó Jonathan para completar la escena –recuerden que él es el más “alegre” de todos-. Yo estaba que gritaba “trágame tierra”, porque Jonathan no sabe disimular en público.

Al pasar las horas, llegaron las cinco de la tarde y nos fuimos a Cool Café caminando ya que no quedaba demasiado lejos. La notoriedad de que éramos un grupo de ambiente era muy grande y yo ya deseaba llegar a nuestro destino.

Cuando cruzamos una avenida y ya estábamos a una cuadra del lugar, pasó un carro y nos disparó con una escopeta invisible, seguramente un homofóbico cualquiera. ¡Así sería cómo nos veíamos todos!

Finalmente llegamos a Cool, pero Lenny y compañía no quisieron entrar porque no tenían mucho dinero –y en ese lugar había que pagar consumo mínimo-, pero yo no iba a perder la oportunidad de conocer ese sitio y, además, de estar solo con Joaquín.

Entramos los dos y una mesera nos atendió y nos llevó a una mesa en una esquina del local. El lugar era bastante acogedor, tipo restaurant, con muchas mesas dispersas por la sala, un bar en un extremo para los que sólo querían tomar un trago, y una zona vacía en el centro donde solían hacer espectáculos diversos, en algunos días de semana. Joaquín y yo pedimos unas cervezas y nos pusimos a conversar.

Al rato, cuando llegaron las cervezas, celebramos por un “año nuevo, vida nueva”, pero de pronto entraron en el lugar Lenny y los demás sólo para decirnos que se iban a ir a la Fraga y que nos veríamos después. Después que se fueron, y con unos tragos más, yo le dije casi en un susurro –pero muy audible para él-, que desde hace rato lo único en que estaba pensando era de cuándo podría darle un beso a él. Él me aseguró con voz firme que lo iba a hacer, pero luego que terminara su cigarrillo que se estaba fumando.

Al poco tiempo, que para mí no fue más que un respiro, él lo apagó, se aclaró la garganta, tomó otro trago de cerveza y me dijo que cerrara los ojos, que me dejara llevar. Empezó acercando su cabeza a mi pecho y cuello, me besó en la yugular, la barbilla, la mejilla, hasta que por fin sentí sus labios posarse sobre los míos, y pronto me di cuenta que estaban resecos. En medio del beso tuve que pasarme la lengua un par de veces en mis labios para humectarlos, abrí la boca un poco y puse en práctica el beso que aprendí con Carmen, pocos meses atrás.

No hay palabras que expresen lo bien que me sentí ese día. Sus labios, su lengua, su movimiento de succión, y hasta el leve sabor a cigarrillo... todo fue maravilloso. Las cervezas fueron olvidadas, la música, las personas, la camarera... todo. Sólo éramos él y yo, una misma persona fusionada, dos almas entregándolo todo, dos destinos que se cruzaron.

De pronto, en el local comenzó el show de esa noche (¿¡¿Qué, aún no había comenzado?!?), y nos separamos. Ese día era de karaoke, y después de pensarlo un poco, Joaquín decidió que quería demostrar su talento en el canto. Solicitó la canción “Entre el mar y una estrella” de Thalía, y no creo que haya sido la mejor actuación de la noche porque no recibió tantos aplausos del público, pero cada latido de mi corazón palpitó con mucha energía como una forma de compensación.

Al sentarse otra vez en la mesa, lo recibí con un fuerte beso y quiso que le prometiera que la semana siguiente regresaríamos para cantar una canción entre los dos, pero me negué rotundamente al estar segurísimo que mejor que yo es un sordo gritándole a otro, pero eso no impidió que la siguiéramos pasando bien juntos.

Después de un par de cervezas más, unos besos y abrazos, caricias y bellas palabras, llegó la hora de retirarnos. Pagamos la cuenta y salimos caminando de regreso a la estación del Metro. En el camino, nos sentamos unos minutos en la Plaza para tomar un poco de aire. Nos volvimos a decir lo mucho que nos queríamos, y acordamos chatear en la noche. Al ratico, ya sí nos fuimos al Metro y nos despedimos con un abrazo antes de marcharnos en dos trenes diferentes.

Esperé a Lenny y a Samuel en la parada de autobuses para nuestra zona por unos veinte minutos, y ahí me cayeron a preguntas. El interrogatorio de costumbre: que qué hicimos, que si nos besamos, y esas cosas. Les mostré una foto que nos tomamos con mi celular y Lenny me dijo que con honestidad le agradaba que Joaco y yo fuéramos pareja, ya que nos veíamos bien juntos.

Al llegar a mi casa en la noche, me conecté y al poco rato él lo hizo. Chateamos por horas. A las 12:30am aproximadamente él me preguntó que si oficialmente yo quería ser su pareja (ya que en la cita nunca usamos esa palabra), a lo que yo contesté con un gigantesco “¡SÍ!”. La verdad es que yo ya me había considerado su novio desde el día anterior en la Plaza, cuando nos confesamos con nosotros mismos, pero oficialmente nos juntamos dos días después (por haber pasado de las doce :-S )

En el siguiente capítulo les hablaré de lo que pasó cuando cumplimos la primera semana juntos de pareja, ya que regresamos a Cool y tuvimos el primer contacto físico-sexual lol.

viernes, 16 de mayo de 2008

Crónicas de un bi (8, la primera cita)

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Off Crónicas:
Antes de entrar en el capítulo, me vuelvo a disculpar... Cuánto me molesta el tener que esperar por algo y vengo yo y los hago esperar a ustedes... >.< Ahora con eso de la programación de los post, voy a tratar de escribir mucho y dejarlos programados para que no se queden tanto tiempo sin leer mis Crónicas...
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Ese lunes fue especial, además que me iba a encontrar con mis amigas de la uni que hace tiempo no veía, iba a encontrarme con Joaquín en una plaza cercana a donde yo iba a estar.

No relataré lo que ocurrió con mis amigas porque no viene al caso, pero en cuanto las dejé, me fui casi corriendo a la plaza. Al llegar, lo vi esperándome con una amiga suya, y en ese momento recordé todo lo que vivimos en la Fraga dos días atrás, yo había llegado a creer que me lo había imaginado todo, pero no fue así. Él estaba ahí, en frente de mí, con esa mirada y esa sonrisa que me encantaban. Me saludó con una cordial y normal estrechada de mano y me presentó a su amiga, ella convenientemente se tenía que ir, así que ahí mismo se despidió y se fue, y yo me fui caminando con Joaco para buscar un sitio donde sentarnos a hablar.

La mayor de las suertes es que conseguimos un buen lugar detrás de la fuente de tamaño colosal que adornaba la plaza, donde no nos podían molestar mucho, y volvimos a hacer lo que mejor sabíamos hacer: hablar.

Recordamos cosas que pasaron en la Fragata y el incidente en la arepera, nos contamos la forma en que descubrimos nuestra bisexualidad y nuestras experiencias anteriores. Me sorprendió que en nuestra primera cita él me haya contado su traumática historia a la tierna edad de ocho años (no revelaré detalles), y él se sorprendió al saber que yo era virgen en ese momento.

Las horas pasaban, él me brindó un helado, se fumó unos cigarrillos, y ninguno de los dos decíamos lo que en verdad queríamos decir, ninguno quería romper el muro de cristal delgado que había entre los dos. Hasta que yo me decidí en tomar la iniciativa y aproveché un momento de silencio en el que él bajó la mirada y le dije: “¿Sabes una cosa? Tú me gustas”. Así de simple, sin tantos rollos ni complicaciones. Él se sonrió y aún sin terminar de subir la mirada me respondió: “Tú también a mí”. Luego nuestras miradas se encontraron y hubo una especie de chispazo que se trasformó en explosión entre ambos.

A continuación me dijo que me agradecía que yo había tomado la iniciativa, porque a él le costaba mucho decirle a una persona cuando le gustaba. Ya las cartas estaban en la mesa, ya los dos sabíamos lo que venía, pero lamentablemente no estábamos en el lugar más adecuado, el rincón medio oculto detrás de la fuente de repente se transformó en un lugar muy transitado y por desgracia nuestra sociedad aún no ve con tan buenos ojos a dos chicos besándose en público. Ambos nos dimos cuenta de ese detalle y resistimos a la tentación, pero seguimos hablando. Nos dijimos lo que nos gustaba del otro, y yo lamentaba el tener que mirar mi reloj, puesto que ya se estaba haciendo tarde para ir hacia mi casa.

Él dijo que lamentaba que viviéramos tan lejos el uno del otro, y a las siete y media ya nos estábamos despidiendo, pero prometiendo que al día siguiente nos veríamos e iríamos a un lugar de ambiente para estar más cómodos. Me dijo también que me iba a llevar a Cool Café, que quedaba cerca de donde estábamos en ese momento, y así yo podría conocerlo (por fin!!).

Nos despedimos como amigos, y nos fuimos cada uno para nuestras casas. No fue la GRAAAN cita, pero al menos pudimos confesar lo que nuestros corazones querían gritar. Yo ya estaba soñando con el día siguiente... El día siguiente... ESE sí sería el gran día, ahí si podría expresar -por otros medios que no sean palabras- lo que yo sentía por él.

Por cierto, a partir de ese día nos empezamos a mandar mensajes de texto diciéndonos lo mucho que nos queríamos :P

En mi próximo capítulo, les hablaré de lo acontecido en nuestra segunda cita, nuestra ida a Cool, y... nuestro primer beso ^^